Noticias16/10/2020
17 de Octubre - Día de la Lealtad

El 17 de octubre o cuando los derechos se hacen carne.

El texto de Fernando Protto busca comprender como las acciones del Estado, anteriores y posteriores al 17 de octubre, marcaron a los sectores populares y sus acciones políticas.
17 de octubre

Pensar el 17 de octubre de 1945 es tan complejo como simple. Desde todos los análisis posibles se ha tratado de entender qué motivó a los sectores populares, de forma orgánica e inorgánica, a movilizarse en esos días. Una movilización que se ubica como centro en la Plaza de Mayo, pero que también se dio en La Plata, Rosario, Córdoba y Tucumán. Los intelectuales propios (del campo popular) o ajenos (del sector antinacional) narraron estas jornadas que se iniciaron el 10 y cerraron el 18 (San Perón) de Octubre. Hasta nuestros más eximios poetas y hombres de la literatura las describieron, como Marechal o Borges. Por lo tanto, en este articulo no vamos a desentrañar lo que otros han hecho, sino a comprender como las acciones del Estado, anteriores y posteriores al 17 de octubre, marcaron a los sectores populares y sus acciones políticas.

                Para entender el 17 de octubre, hay que situarse en la historia previa del movimiento obrero, que orientó sus acciones de ese momento. Argentina ingresó en el comercio internacional con un modelo agro-ganadero exportador, a partir de 1880, facilitando la incorporación de mucha mano de obra proveniente del exterior. En ese contexto se fue constituyendo una incipiente clase trabajadora influenciada por las ideologías socialistas y anarquistas, que llegaban centralmente a traves de la migración Europea. Estos primeros trabajadores dieron lugar a la conformación de los primeros sindicatos o asociaciones y lograron agrupar a muchísimos de ellos. Y lo que pasaron a ser luchas sectoriales, pasaron a ser luchas de la clase trabajadora en pos de la unidad.

                En aquel contexto, los trabajadores y las trabajadoras encontraron mayores niveles de organización y mejores condiciones para luchar. Así se produjeron las jornadas de 1909, las de los Centenarios, la Semana Trágica, la Huelga de 1935 y tantas otras acciones y conflictos. Pero en el ámbito rural esto fue mucho más difícil. Las posibilidades de organizarse, la arbitrariedad de las patronales y la inestabilidad de los trabajadores y las trabajadoras dificultaban cualquier tipo de acción o unidad. Sin embargo, producto de los conflictos que se suscitaron fue habilitando, aunque muy limitadamente, los debates por las primeras leyes laborales y sociales, con un control o accionar muy limitado por parte del estado. Aun así, la organización de los trabajadores de la Forestal, la lucha de los Mensues en los yerbatales, la Patagonia Trágica (1921/1922), la organización de los trabajadores del azúcar fueron forzando al Congreso Nacional, desde la llegada del radicalismo al gobierno en 1916 y durante los años posteriores, a que se sancionaran varias leyes, normativas y disposiciones de carácter protector de los derechos de trabajadores y trabajadoras rurales, pero todas ellas quedaron cortas en su alcance, carecían de control estatal y las patronales, hicieron caso omiso a su validez. Situación que se modificó a partir de la llegada de Perón a la Dirección Nacional del Trabajo en Diciembre de 1943.

                Con Perón en la Secretaria de Trabajo y Previsión Social (él solicito el cambio de categoría) se fueron tomando diversas medidas que favorecieron a los trabajadores y trabajadoras, en especial, porque se aplicaron las legislaciones y disposiciones que socialistas y radicales habían sancionado en años anteriores pero que no se cumplían. Entre las medidas, podemos destacar el control estatal para el cumplimiento de las leyes laborales, la facilidad para que las y los trabajadores puedan organizarse en Sindicatos (como la FOTIA, Federación Obrera Tucumana de la Industria del Azúcar) la sanción del Estatuto del Peón Rural (Ley 28.169). Este último punto es el más importante que debemos resaltar, porque esta nueva legislación permitió que se defendiera el salario del peón y la estabilidad del trabajador, el pago en moneda nacional (muchos cobraban con vales de las empresas), la ilegalidad de deducciones o retenciones (les cobraban por contratarlos o trasladarlos), salarios mínimos, descansos obligatorios,  alojamiento en mínimas condiciones de higiene, buena alimentación, provisión de ropa de trabajo, asistencia médico-farmacéutica y vacaciones pagas. A esto se suman los Tribunales del Trabajo, el impulso de los convenios colectivos de trabajo y la masificación de los Consejos Agrarios para apoyar a las nuevas leyes de arrendamiento y expropiación. Todas estas medidas significaron un cambio en la relación entre capital y trabajo y una mejora en las condiciones de vida para muchas y muchos trabajadores del ámbito rural.

                En este marco se construyó y ocurrió, al poco tiempo, el 17 de octubre de 1945, para que después, lo que fueron decretos ley, con la asunción de Perón como presidente en 1946, el Congreso (donde muchos radicales votaron favorablemente) lo transformaron en LEY. A esto se amplian los Tribunales del Trabajo (Creados en Capital en 1944), la masificación de los Consejos Agrarios, para apoyar a las nuevas leyes de arrendamiento y expropiación, los cuales permitieron la estabilidad de muchos trabajadores, trabajadoras rurales y sus familias dentro de un marco legal y de contención estatal. Al contrario de lo que piensan muchos, esto no iba en contra de la ley, de las instituciones o la república, sino que ampliaron mucho más el consenso y marco legal y democrático para los sectores populares.

A partir de lo que hemos visto, podemos decir que la construcción de marcos legales, organizativos y sociales en beneficio de los trabajadores y trabajadores, desde 1943, determinaron la reacción de los sectores más concentrados de la oligarquía Argentina, en alianza con la embajada de los EEUU, con una parte del ejército y el apoyo de la UCR, el Partido Socialista y el Partido Comunista. Una fuerte corriente de opinión para esmerilar la imagen del joven Juan Perón, por su supuesta cercanía al Fasci – Nazismo, pero que en realidad ocultaba su oposición y enojo con las medidas tomadas por é. Lo cual derivo en su encarcelamiento en la Isla Martín García y en una movilización obrera y popular masiva exigiendo su urgente liberación un 17 de octubre de 1945. 

                En el contexto de hoy, de pandemia, crisis económica y habitacional, donde tenemos diferentes acciones de toma de tierras o la situación que viven hoy los trabajadores rurales, es necesario volver al 17 de octubre de 1945 y recordar (tanto para las bases como para los dirigentes) que la historia se construye entre todos y todas y que los derechos laborales y sociales no son negociables.