19/11/2022

Trabajadores de Twitter

Masivo rechazo del personal de Twitter a la flexibilización laboral que impone Elon Musk

Una gran cantidad de empleados de Twitter, al parecer en un número mayor al previsto por esa red social, rechazó aceptar la flexibilización de las condiciones laborales que pretende imponer su reciente comprador, el magnate Elon Musk, lo cual podría poner en riesgo la operatividad de la plataforma, conforme a fuentes vinculadas a los trabajadores y del mercado.

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Diario Democracia

A fines de octubre, Musk, CEO y fundador de Tesla y SpaceX, adquirió -luego de meses de idas y venidas- Twitter por US$ 44.000 millones. Tras prohibir el trabajo remoto, purgar a los directivos de la empresa y anunciar una ronda de despidos, que alcanzó a casi la mitad de los 7.500 empleados de la red social, el magnate -ahora director ejecutivo de la firma- envió esta semana un correo electrónico a los empleados avisándoles que se endurecerá las condiciones laborales para todo el personal.

"De aquí en adelante, para construir un Twitter 2.0 disruptivo y lograr el éxito en un mundo cada vez más competitivo, tendremos que ser extremadamente duros. Esto significa trabajar largas horas a alta intensidad", señala el memo interno, que fue difundido por la agencia Bloomberg.

El correo electrónico consta de un formulario adjunto de Google Forms: los empleados debían cliquear "sí" en el caso que decidan aceptar las exigencia de Musk o, de lo contrario, si no respondían antes de la fecha límite -estipulada para ayer a las 17, hora local- iban a ser desvinculados con tres meses de indemnización.

De acuerdo con fuentes internas a la empresa, una gran cantidad de empleados rechazó los nuevos términos laborales de Musk.

El número de quienes se negaron al últimatum del multimillonario y, por tanto, aceptaron tácitamente la desvinculación fueron superiores a las esperadas por el nuevo propietario de Twitter, a tal punto que ese posible "éxodo masivo" podría poner en riesgo la propia operación de la compañía, especialmente la tecnológica, según extrabajadores de la plataforma.

Como resultado de los pormenores, la red social se vio colmada de mensajes de usuarios especulando con un posible cierre de la plataforma utilizando el hashtag #RIPTwitter.

Musk, en tanto, minimizó la situación y señaló anoche en un tuit que "la mejor gente se está quedando, por lo que no estoy nada preocupado".

Del mismo modo, en un mensaje irónico, detalló que "un número récord de usuarios se estaba conectando para ver si Twitter está muerto, por lo que lo están haciendo más vivo que nunca".

Por lo pronto, en otro mail interno, Twitter comunicó que cerrará sus oficinas con efecto inmediato desde hoy viernes hasta el lunes y le pidió a sus empleados abstenerse de "discutir información confidencial en redes sociales, con la prensa o en cualquier otro lugar."

A principios de mes Twitter ya había cerrado temporalmente su sede cuando anunció su ronda de despidos.

Además del cierre de sus sedes, Twitter bloqueó el acceso a las herramientas de comunicación interna y a los dispositivos de la compañía en manos de los trabajadores, según la agencia de noticias DPA.

Según se reportó, pese a repetidos intentos de Musk de convencer a sus subordinados, los canales de comunicación interna de Twitter en la plataforma de chat Slack se vieron saturados de mensajes de despedida de empleados con emojis de manos saludando, símbolo de que efectivamente abandonarán la empresa.

Uno de los empleados que decidió rechazar el ultimátum de Musk aseguró a la cadena CNN que no quiere quedarse para construir "un producto que está siendo envenenado por dentro y por fuera".

"La gente no quiere sacrificar su salud mental y su vida familiar para hacer más rico al hombre más rico del mundo", afirmó otro empleado.

Según indicó un ex trabajador a la BBC, tras las renuncias de hoy la empresa quedaría con "menos de 2.000 personas".

"El mánager del equipo fue despedido. Y luego el mánager de ese mánager fue despedido. La persona por encima de él era uno de los ejecutivos despedidos el primer día. Así que no queda nadie en la cadena de mando", agregó.

Por su parte, Jess DeBolt Berman, empleada de acuerdos comerciales de Twitter, señaló públicamente en la plataforma: "Unirme a Twitter hace 7 años y medio fue una de las decisiones más fáciles que hice. Decidir abandonarla hoy fue 100% lo opuesto".

Los futuros exempleados de Twitter deberán confrontarse con un panorama negro en el mercado laboral del sector tecnológico.

En los últimos meses, como resultado de la desaceleración económica, el retorno de los hábitos previos a la pandemia de coronavirus y las subas en las tasas de interés, empresas del sector como Meta, Apple, Alphabet y Amanzon anunciaron despidos o congelamientos en su personal.

Sólo en octubre, las firmas tecnológicas registraron una merma de 9.587 puestos, según la consultora Challenger, Gray & Christmas.

En el caso de Amazon, el gigante del comercio electrónico anunció esta semana el inicio de recortes, los cuales alcanzarían a 10.000 puestos. Es la mayor cantidad de despidos de su historia.

Por su parte, Meta -casa matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp- despidió la semana pasada a 11.000 empleados, un 13% del total de la planta.

En Twitter, Musk no sólo se enfrenta a una rebelión interna, sino también a una posible investigación de seguridad nacional de su adquisición, por parte del gobierno estadounidense.

En concreto, la mira está puesta en los acuerdos confidenciales que el empresario realizó con inversores del extranjero que tenían acciones en Twitter antes de la adquisición.

La administración estadounidense busca indagar si los mismos les permiten a los inversores acceder a datos personales de los usuarios.

El propio presidente, Joe Biden, afirmó la semana pasada en una conferencia de prensa en la Casa Blanca que "la cooperación o relaciones técnicas de Elon Musk es algo que debería ser observado".

Dos senadores del Partido Demócrata, Mark Warner del Estado de Virginia, y Chris Murphy de Connecticut, pidieron investigar la compra de Musk, dadas las acciones en la firma del fondo soberano de Qatar y del millonario príncipe saudita Alwaleed Bin Talal.