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Un ajuste con sello internacional
La empresa anunció esta semana el cierre definitivo de su planta en LaVergne, Tennessee, y adelantó "reestructuraciones" en Argentina, Brasil, México y España. En estos dos últimos países, Bridgestone recurre a mecanismos como los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) para reducir jornadas y congelar contratos. Sin embargo, el SUTNA desmintió las justificaciones de la empresa: "No es una crisis local ni un tema de productividad. Es un plan sistemático para recortar derechos: en cada país inventan un relato, pero el guion es el mismo", afirmó un dirigente sindical argentino.
La alerta crece entre los trabajadores: en Argentina, la compañía insiste en responsabilizar a los empleados de la crisis, mientras en Brasil y México se aplican suspensiones encubiertas. "Hoy somos testigos de una cadena de despidos que salta de continente en continente. Por eso nos estamos coordinando con sindicatos de Brasil, México y Europa: si la empresa actúa globalmente, nuestra resistencia no puede ser fragmentada", explicó un representante del gremio.
La resistencia transnacional toma forma
Frente a lo que califican como un "ataque coordinado", los trabajadores avanzan en la construcción de un frente común. El SUTNA confirmó contactos con organizaciones sindicales de Brasil, España y México para articular acciones legales y movilizaciones conjuntas. "En 2020, las suspensiones por pandemia no tocaron salarios. Ahora, con la excusa del stock y la optimización, quieren imponer despidos y precarización. No lo permitiremos", sostuvo el sindicato.
Mientras Bridgestone reporta ganancias millonarias en sus operaciones asiáticas, los trabajadores de Occidente exigen transparencia en los criterios de ajuste. "No somos números descartables. Si la empresa quiere eficiencia, que empiece por distribuir las ganancias, no por recortar derechos", cerró el comunicado del SUTNA.
La pulseada, advierten, ya no es nacional: es una batalla por la dignidad laboral en tres continentes

