La tasa de empleo entre abril y junio alcanzó el 44,8% de la población total, lo que equivale a unos 21,1 millones de personas. De este total, 15,6 millones son asalariados (9,9 millones con empleo formal y 5,7 millones en la informalidad), mientras que 5,5 millones son trabajadores no asalariados, incluyendo monotributistas que también enfrentan dificultades económicas.
Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) evidencian la profunda desigualdad en la distribución del ingreso. Mientras los deciles más bajos, como el primero, apenas superan los $80.000, el decil más alto (donde se concentra el 10% de los ingresos) llega a manejar sumas de hasta $40 millones.
Los ingresos no laborales, que incluyen ayudas sociales y subsidios, son más predominantes en los sectores más pobres. En las mujeres del decil 4, estos ingresos representan el 72,8%, mostrando una fuerte dependencia de este tipo de asistencia en sectores vulnerables.
Esta situación refleja un desafío urgente para el país. La distribución del ingreso en Argentina es cada vez más desigual, y los trabajadores formales e informales son quienes más sufren el impacto de la inflación y la pérdida del poder adquisitivo.
Los topes de ingresos en cada decil son claros: el 60% de los trabajadores cobra menos de $450.000, mientras que el decil más alto maneja sumas que multiplican por miles las percepciones de los deciles más bajos. Ante esta realidad, las exigencias de medidas para mejorar la situación salarial y reducir la desigualdad se hacen cada vez más fuertes.

