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De acuerdo al informe, el total de asalariados privados se ubicó en 6.197.000 personas, con una baja mensual del 0,2%. En la comparación interanual, la caída fue del 1%, lo que equivale a más de 106 mil empleos menos. El retroceso afectó tanto al sector privado, que perdió 88.800 puestos, como al sector público, con 18.700 trabajadores menos.
“El empleo formal en el sector privado comenzó una etapa de destrucción neta a partir de septiembre de 2023”, señala el informe oficial, que además advierte que la situación “se acentuó durante el primer trimestre de 2024”. Si bien hubo una leve recuperación hacia fines de ese año, el repunte fue “parcial y de corta duración”.
La crisis del empleo tiene un fuerte impacto sectorial. La industria manufacturera encabezó las pérdidas con una caída del 0,5% en diciembre, seguida por el comercio (-0,3%) y rubros como hoteles y restaurantes (-0,6%). También hubo retrocesos en actividades rurales, inmobiliarias y transporte.
En paralelo, crece el trabajo independiente, una tendencia que preocupa por la precarización. En diciembre, el empleo autónomo aumentó 0,7% mensual y 3,8% interanual. El monotributo sumó unos 113 mil nuevos inscriptos en un año.
El propio informe advierte sobre este fenómeno: se trata de “una modalidad ‘independiente’ con menores derechos laborales y sociales, y también ingresos más bajos”. En otras palabras, mientras cae el empleo formal, aumenta el cuentapropismo, muchas veces como única alternativa ante la falta de trabajo registrado.
Algunos sectores mostraron leves señales positivas, como la construcción (+0,6%) y la enseñanza (+0,3%), pero no alcanzan a compensar la pérdida generalizada.
El deterioro del empleo formal se da en un contexto económico complejo, con caída de la actividad en sectores productivos y una presión creciente sobre los ingresos de los trabajadores. La tendencia, por ahora, sigue siendo clara: menos empleo registrado y más precarización.

