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En declaraciones recientes, el dirigente subrayó la necesidad de superar los personalismos y sectarismos que fragmentan la resistencia, para avanzar hacia una construcción política que tenga a la clase trabajadora como protagonista.
“Hoy más que nunca hay que hablar de la unidad de los que luchan, de la solidaridad colectiva, de reconfigurar al campo popular y evitar la dispersión”, expresó Giuliani. Y agregó: “Los desafíos actuales nos exigen estar agrupados no sólo para discutir reivindicaciones gremiales, sino para construir un programa que nos vuelva a ubicar en la escena política y nos permita discutir un proyecto de país”.
En ese marco, remarcó que Argentina cuenta con uno de los índices más altos de sindicalización de América Latina, pero que aún hay un enorme terreno por recorrer. “Cuatro de cada diez trabajadores están sindicalizados. Deberíamos superar claramente ese número. Y además, sumar a los laburantes informales, precarios y autogestionados, que son parte del nuevo sujeto social de esta etapa”, puntualizó.
Giuliani hizo especial hincapié en la necesidad de federalizar la política sindical, rompiendo con la lógica centralista que impone que los acuerdos solo se gesten en Buenos Aires: “Es fundamental dejar de lado las diferencias sectoriales y encontrar cinco o seis consensos básicos que nos permitan avanzar desde abajo hacia arriba, desde la periferia al centro. Cambiar las formas impuestas por la superestructura es imprescindible”.
El dirigente también cuestionó a las principales fuerzas políticas por no incluir los problemas del mundo del trabajo en sus agendas electorales. “Hoy no se habla de desocupación, pobreza, hambre, informalidad, precarización ni condiciones laborales. Y si los gobiernos no nos incluyen, sabiendo que el poder real lo tienen los grupos concentrados, debemos ser nosotros quienes impulsemos una agenda obrera como expresión de la mayoría”, sostuvo.
Finalmente, Giuliani defendió el papel del Estado como herramienta para la transformación social, diferenciando su uso en función de quién lo conduzca: “El Estado puede ser un instrumento al servicio de las minorías, como ocurre ahora, o un motor para organizar políticamente a la comunidad, como debe ser en un gobierno popular y revolucionario. Nosotros construimos fuerza todos los días, no sólo para defender nuestros derechos, sino para traducir esas luchas en una propuesta política concreta”.
En ese sentido, llamó a construir la unidad desde lo cotidiano: “La unidad no se decreta, se construye. Hay muchos dirigentes valiosos, pero nos falta encontrarnos. La urgencia nos consume, estamos más en la calle que en las oficinas, pero es ahí donde están los problemas y también las soluciones”.

