06/01/2021

Legalización del Aborto

Luchar vale la pena

Tras una lucha de décadas, desde el 30 de diciembre de 2020 tenemos aborto legal, seguro y gratuito en la Argentina. Desde Enfoque Sindical hablamos con algunas secretarias de Género para repasar el rol de los sindicatos en esta conquista histórica.

Décadas de lucha fueron necesarias para la legalización del aborto en la Argentina. Lucha que implicó aprendizajes, a partir de aciertos y errores, que desembocaron en la consolidación de un campo teórico y práctico que recibiría el nombre de feminismo interseccional. Este feminismo, en virtud de su multiplicidad de actores, logró alzar con más fuerza que nunca el reclamo por una cuestión de salud pública como lo es el aborto, al punto de volverlo una demanda popular y de colocar al género en el centro de la agenda pública, hasta que se acaben las injusticias.

Por supuesto, los sindicatos (como actor fundamental en la vida política argentina) no estuvieron al margen de todo ello. “El sindicalismo es con nosotres”, se escucha cada vez más por estos días, en alusión a la incorporación de las mujeres y disidencias sexuales tanto en la discusión sindical como en sus lugares de poder.

Roxana “la Polaca” Rogalski, Secretaria de Género e Igualdad de Oportunidades de CTERA, cuenta a Enfoque Sindical que las trabajadoras de la educación “somos parte del movimiento que desde hace muchos años reclamó el reconocimiento de este derecho reafirmando nuestra postura política, gremial y pedagógica con respecto a la ESI, la Salud Sexual y Reproductiva y la despenalización del aborto”. Parte de esa trayectoria estuvo dada en el marco del Proyecto Ejercicio de la Ciudadanía con Perspectiva de Género e Identidad Sindical, en cooperación con el sindicato sueco Lärarförbundet y la IE en los años ´90. Asimismo, y en el marco de la CTA de los Trabajadores y Trabajadoras, CTERA fue una de las confederaciones nacionales que estuvo desde los inicios de la Campaña por el Derecho al Aborto, compartiendo sus consignas y convocando a multitudes para hacer visible la potencia y legitimidad social de esta conquista de justicia social. Hoy más que nunca, las educadoras celebran que sea un hecho el lema "Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir”.

Por su parte, Clarisa Spataro, Coordinadora del Área de Géneros de ATE Capital, historiza esta victoria como “fruto de todas las luchas que nos preceden, desde principios de siglo, pasando por la resistencia al Terrorismo de Estado, luego con la llegada de la democracia, con los Encuentros Nacionales de Mujeres de mediados de los años ´80, hasta llegar a la actualidad donde la marea verde nos abraza y contiene y la impronta de los feminismos marca agenda. Desde los sindicatos no podíamos ser ajenxs a eso. Estamos en un punto de la historia donde ya no hay posibilidades de retroceder en este aspecto, sólo avanzar hacia un país con igualdad de oportunidades y que todas y todes tengamos los mismos derechos, las mismas garantías, y sobre todo la libertad de decidir sobre nuestras vidas, nuestros proyectos y nuestros deseos, sin morir en el intento. Luchar claro que vale la pena, por nuestras viejas, nuestras pibas y nosotras y nosotres, mujeres y disidencias, por las sobrevivientes y por las que dejaron sus vidas en la clandestinidad”.

Finalmente, Karina Nicoletti de Metrodelegados resalta la importancia de esta conquista por ser objeto de la mirada de todo el mundo, y especialmente de América Latina. Recuerda también la militancia de su sindicato por el aborto legal, seguro y gratuito, y en particular una de sus grandes intervenciones, la denominada “Operación Araña” que fue desarrollada en las seis líneas de subte porteñas en el año 2018, en el marco del debate parlamentario, junto con la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito y el colectivo Ni Una Menos. Según Karina, “el aborto era una deuda de la democracia para con las mujeres y personas gestantes”, y ahora que ha sido saldada en la legalidad, advierte que debemos mantenernos alertas para que se vuelva una práctica de realización efectiva y que nadie intente obturarla.