24/08/2019

Trabajadores del Subte con enfermedad pulmonar

Roberto Beto Pianelli: "El amianto nos puede matar"

En una larga charla que mantuvo con Enfoque Sindical, Beto Pianelli, secretario general de AGTSyP advierte sobre el gravísimo problema que atraviesan los trabajadores del subte con respecto al uso de amianto en los coches e, incluso, los mismos usuarios.

“El amianto o asbesto -son sinónimos- significa indestructible y se lo utilizó masivamente en todo el mundo durante décadas como material aislante por sus grandes cualidades en ese sentido. Los capots de los autos, por ejemplo, traían una capa de amianto. Otro ejemplo de su uso masivo son las chapas de fibrocemento que son, en realidad, chapas de amianto”, explica con elocuencia Beto Pianelli, secretario general de la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro (AGTSyP). “Pero -agrega- en el 2000 se lo prohibió en 80 países, Argentina incluida, porque se había descubierto que este material, que parecía tan noble, tan extraordinario, mata”.

Pianelli indica que hay dos estados de amianto: friable y no friable. El primero significa que la pelusa, donde está la fibra de amianto, es de micrones, es imperceptible a la vista. “Tenés que mirar con un microscopio para encontrarla, pero miles y miles de fibras hacen como una capa sedosa, suave. Ese es el peor estado de todos, es el que más fácil es de envenenar, o mejor dicho, de intoxicar a la sociedad”, aclara Beto.

Coches de la B con amianto

En el estado no friable, al amianto se lo utiliza como un componente para hacer piezas: un contactor o una tapa de luz se hacían con amianto y le ponían otro material plástico para contener el calor. Los coches de la Línea B tienen de todos los tipos de amianto, friables y no friables, algo que “descubrimos hace dos años cuando nos enteramos que en España había trabajadores enfermos por amianto y que había muerto uno”, dice Pianelli. “Empezamos a ver los trenes que el gobierno porteño de Mauricio Macri le había comprado a España y efectivamente, había amianto”. Los trenes son marca CAF, modelo 5000, y ante este hecho los trabajadores del Subte enseguida los sacaron de circulación. “Es un escándalo político porque fue comprado en un momento en que ya estaba prohibido el amianto, y si vos mirás en los manuales, decían que tenía amianto, un escándalo, y encima eran trenes usados”, se enoja el Metrodelegado.

No había ninguna duda. Los coches CAF modelo 5000 estaban repletos de amianto. Cuando vimos esto empezamos a revisar todas las flotas que teníamos y nos dimos cuenta que había amianto no sólo en los CAF 5000, sino en la línea B donde hay otro tren que es el Mitsubishi, que funciona en Argentina desde el año 1996. Ese tren lo trajeron de Japón, ya tenía 30 años de uso en Japón, y ese está plagado de amianto, es en el que estamos ahora abocados. Ese tren, abajo de donde está el conductor, tenía una estufa con amianto friable, es decir en polvo, la estufa la sacamos ya, pero todo el techo está recubierto con amianto friable”.

A medida que se iban revisando los coches, más y más amianto salía a la superficie. En los Mitsubishi  “vimos este material en los contactores, donde funciona el motor eléctrico del tren,  en todas las cajas, las tapas, los separadores, todo tiene amianto, amianto que está en estado no friable. El problema es que esos trenes tienen 60 años. Viajamos a Chile -porque en Chile también hay casos parecidos y también está prohibido-, fuimos a España, están viviendo temas similares sobre todo en Barcelona y en Madrid, y nos dieron datos, nos dijeron ‘miren, en la pintura también hay amianto’. Y efectivamente todo está pintado, la carrocería entera está pintada con amianto”, afirma Pianelli.

Los Metrodelegados continuaron con su investigación y hallaron que en la línea E también hay formaciones (“el General Electric y el Fiat”) con amianto, al igual que en la A, en la C y en la D. “O sea que hace 100 años que en el subte de Buenos Aires hay polvo de amianto dando vueltas por los túneles”, advierte Pianelli. “Esto es lo que venimos exigiendo, al amianto hay que retirarlo y hay que reemplazar la flota, que no tiene recuperación. No es que tiene en un lugar donde decís lo saco y ya está. Está plagada de amianto”.  

Metrovías y SBASE

El grave problema aún no lo reconocen ni el gobierno de la Ciudad, a través de SBASE, ni Metrovías. “Decían que no, no nos daban bola. Insisto, estuvimos dos años así. ¿Cómo nos empezaron a dar bola? Porque en un momento dijimos no trabajamos más con esto”, recuerda el dirigente y agrega que “desde el taller Rancagua, los compañeros que estaban trabajando en los contactores, -que era sobre lo que nosotros teníamos certeza de que había amianto- en ese momento, dijeron ‘yo no lo toco más porque tiene amianto’. Hicimos retención de tareas”.

La medida de fuerza fue acompañada con el envío de los estudios hechos por los trabajadores y una carta documento donde se aclaraba que “esto tiene amianto, está en riesgo mi vida, hago retención de tareas". En los Mitsubishi fueron detectadas 11 piezas con amianto, aunque cuando investigaron más detectaton 21. “Nosotros creemos que hay que cambiar la flota, ellos dicen que no. Es inentendible”, dice Pianelli.

Lo cierto es que el riesgo que tienen los trabajadores del SUBTE por el amianto es muy grande y está en juego su propia vida. La contaminación se produce al inhalar las partículas de amianto. Esto genera tres patologías: una afecta las placas pleurales la otra, llamada asbestosis, es una fibrosis de pulmón que hace perder la capacidad de respiración. La enfermedad es mortal, como la última patología: el cáncer de pulmón.

Estas enfermedades producidas por el amianto no son inmediatas. Tienen un periodo de latencia que puede durar de entre 10 y 15 años sin que se detecte la presencia de asbesto en el cuerpo. Todo aquel que estuvo expuesto a amianto tiene que entrar en lo que se llama el RAR, el registro de agentes de riesgo. Al incorporalo a este sistema, la persona tiene que hacerse estudios todos los años: espirometría, placa de tórax, tomografías... inclusive después de jubilarse. “Acá, cuando lo reconocieron, lo primero que hicieron fue mandar a todos los compañeros del taller Rancagua, del taller Urquiza, a hacerse los estudios para amianto. La placa de tórax se muestra de una manera particular, no la ve cualquiera, hay gente matriculada para ver este tipo de placas. Miran, ven, se manda  a hacer una tomografía para ver en mayor profundidad. Ahí llamaron a  todos los trabajadores, a los que trabajaron alguna vez y capaz que estaban en otra área, algunos ya jubilados, que tienen que hacerse los estudios. Eso va todo a cargo de la empresa porque los puso en una situación de riesgo, está a cargo de la ART”, explica Beto Pianelli.

Los primeros resultados arrojaron que hubo cinco trabajadores con placas pleurales, la más benigna de las patologías. “Por suerte hasta ahora no tenemos ninguno con cáncer ni asbestosis”, señala Pianelli. “Pero ya tenemos 5 sobre un total de  100 trabajadores con los resultados vistos, que tienen placas pleurales para toda la vida. Hay que sacarlos del lugar ese, porque está contaminado con amianto, no pueden trabajar más en ese lugar, tienen que trabajar en lugares que tengan aire o pueden empeorar”.   


Todos estamos expuestos al amianto

¿Y los usuarios? Pianelli apunta contra el gobierno de la Ciudad y Metrovía por no reconocer que los usuarios padezcan el mismo problema. “Vas a escuchalos diciendo que excepto los que están trabajando con amianto, nadie tiene riesgo. Y no es verdad, es mentira, el amianto está en el aire, si una fibra de amianto cae, se desprende y no hay viento, tarda 36 horas en llegar al piso. Son huecas, es indestructible, por ende todo el amianto que se desprende, vuela”.

Aunque Beto deja en claro que no es lo mismo respirar amianto en un tren que estuvieron lijando durante años que un pasajero que pasa sólo 40 minutos, “no es verdad que no hay exposición, es mentira, exposición hay, en lugares donde hay amianto hay exposición. Por la irresponsabilidad del gobierno de la Ciudad de no haber hecho un mapa de riesgo y no controlar ese amianto hoy está a la buena de Dios”.

El secretario general de los trabajadores del Subte recuerda que “tenemos la desgracia de trabajar en un túnel, y el amianto siempre lo tenés abajo”. Y dice de modo contundente: “lo nuestro es una cosa de vida o muerte”. Exigen así que se reconozca el grave problema y que se hagan los estudios necesarios “a todos los compañeros. Le van  a hacer a todos los conductores de la línea B, son 300 compañeros que tienen que hacerse, y después vamos a ir a las demás líneas porque,  como te dije, el amianto está en todas las líneas y por todas partes”.

Una de las propuestas del gremio que nuclea a los trabajadores del Subte para enfrentar el problema es la creación de una comisión de trabajo en la que estén todas las partes involucradas. Sin embargo, no han tenido eco en los funcionarios del gobierno porteño ni de la empresa SBASE.

Los pasos que se proponen son, como se dice más arriba, hacerles los estudios a todos los trabjadores y, paralelamente, buscar el amianto para retirarlo. Esto lo tiene que hacer una empresa que esté matriculada, y de larga experiencia en el trabajo con amianto y con materiales peligrosos.

“La situación es muy grave, muy, muy grave”, dice Pianelli. “Es un problema no solo de salud laboral sino también de salud pública. Cada vez que vamos escarbando vamos encontrando cosas peores. Nosotros obviamente nos estamos encargando de la cuestión laboral. Y no nos da el cuero para hacer una campaña general sobre el amianto, pero hay que hacerlo. Si queremos y luchamos por un trabajo mejor, por un trabajo más limpio, tenemos que pelear para que saquen esos materiales, ir a buscarlos, saber dónde están, porque a las patronales no les importa. Bueno, es tarea nuestra, es parte de la pelea que tiene que tomar la clase trabajadora”.