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El informe señala que quienes trabajan “en negro” son aquellos que “desarrollan sus actividades al margen de las normas que las regulan”, lo que en la práctica implica la ausencia de aportes jubilatorios, cobertura de salud o seguros por accidentes laborales. Esta situación impacta de lleno en las condiciones de vida, ya que, en general, estos trabajadores perciben salarios más bajos que los registrados.
Del total estimado, unos 5,5 millones son asalariados no registrados, lo que representa el 61,4%, mientras que 3,5 millones son trabajadores por cuenta propia en situación informal. La problemática es más grave en este último grupo: la informalidad trepa al 63,3%, frente al 36,3% en los trabajadores en relación de dependencia.
“La informalidad subió otro escalón”, advierte el relevamiento oficial, que además muestra una fuerte concentración en sectores históricamente precarizados. El comercio encabeza la lista con 2 millones de trabajadores informales (22,8% del total), seguido por la construcción con 1,4 millones (15,3%) y el servicio doméstico con 1,1 millones (12,4%).
Al analizar por actividad, el servicio doméstico presenta el mayor nivel de precarización, con un 78% de empleo informal, seguido por la construcción con el 73,8%. También se destacan hoteles y restaurantes (59,7%) y comercio (52,6%). En contraste, sectores como enseñanza (14%) y salud (20,8%) muestran menores niveles de informalidad.
El fenómeno también refleja desigualdades de género: el 44,5% de las mujeres ocupadas está en la informalidad, frente al 41,8% de los varones. Además, la precarización no implica menor carga laboral: casi la mitad de los trabajadores informales (49,3%) tiene empleo pleno y un 27% está sobreocupado, es decir, trabaja más de 45 horas semanales.
Otro dato relevante es que el 69,5% de los trabajadores informales se desempeña en establecimientos de hasta cinco personas, lo que evidencia la fuerte incidencia de la precarización en pequeñas unidades productivas.
La medición se realizó sobre 31 aglomerados urbanos que abarcan a 13,5 millones de ocupados. Sin embargo, al proyectar los datos a toda la población del país, estimada en 46,4 millones, el universo de trabajadores asciende a 21 millones, de los cuales el 43% se encuentra en la informalidad.
El avance del trabajo en negro se consolida así como uno de los principales problemas del mercado laboral argentino, con impacto directo en los ingresos, la estabilidad y los derechos básicos de millones de trabajadores y trabajadoras.

