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Durante su participación en el evento de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (AmCham), el dirigente sindical sostuvo que la normativa aprobada el 27 de febrero careció de un proceso de diálogo amplio. “No dará empleo genuino, debería haber una mesa de diálogo entre todos los sectores con un Estado inteligente”, afirmó.
Sola planteó que la ley no responde a las necesidades actuales del mundo del trabajo ni de los trabajadores. “Hubo una imposibilidad de modernizar de verdad la legislación laboral, cuando los trabajadores la necesitan y la quieren. Esta ley no va a generar más trabajo genuino porque se necesita desarrollo productivo y no se ve ni en el discurso del Gobierno ni en la praxis”, remarcó, y fue tajante: “Para nosotros es una derrota”.
En ese sentido, cuestionó que la reforma no contemple los cambios tecnológicos y productivos. “No habla de robótica, ni de inteligencia artificial, ni de nuevos modos de producción de bienes y servicios”, señaló, y criticó además la derogación de la Ley de Teletrabajo, a la que consideró “fundamental”.
El dirigente también apuntó contra la falta de una estrategia económica integral que impulse el empleo. “Se necesita un esquema de construcción conjunta entre las fuerzas productivas, el sindicalismo y el empresariado para encontrar un sendero de crecimiento que hoy en la microeconomía no se está viendo”, advirtió.
En medio de la tensión con el Gobierno de Javier Milei, Sola llamó a canalizar los conflictos mediante el diálogo: “Debe haber un Estado presente, que no esté solo al servicio del capital”. Y agregó que el desafío pasa por lograr un equilibrio entre inversión y derechos laborales: “El que invierte tiene que tener rentabilidad, pero el que trabaja tiene que tener salarios dignos y sostenidos en el tiempo”.
Las críticas de la CGT se suman a otros cuestionamientos sindicales y de especialistas que advierten que, sin políticas de desarrollo productivo, las reformas laborales por sí solas no generan empleo registrado, en un contexto donde el trabajo informal en Argentina ronda el 40% según datos del INDEC.

