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Cierre abrupto de planta y efecto dominó en empleos
En Chascomús, provincia de Buenos Aires, la fábrica de galletitas Tía Maruca cerró de manera repentina una de sus plantas, dejando sin empleo a decenas de trabajadores. Se notificó verbalmente el cierre, sin aviso previo ni garantías de indemnización, mientras camiones retiraban insumos y maquinaria del lugar.
El impacto local no tardó en propagarse: los empleados acudieron a una audiencia en el Ministerio de Trabajo bonaerense, inicialmente convocados para tratar atrasos en el pago del medio aguinaldo. Sin embargo, terminó concentrando el reclamo por el cierre de la planta y la falta de garantías laborales.
Tía Maruca ya había suspendido actividades en una planta en San Juan durante 2024, provocando desalojos de empleo en distintas comunidades. La firma operaba —hasta el cierre en Chascomús— cincos plantas nacionales y tenía una capacidad anual cercana a las 15 mil toneladas de galletitas, representando cerca del 5 % del mercado argentino.
El derrumbe en el empleo formal
La pérdida promedio ronda los 15.000 empleos mensuales en el ámbito formal. Si se suman los empleos no registrados, la cifra escalaba a unos 30.000 despidos por mes, lo que se traduce en unos 500.000 puestos de trabajo menos en 18 meses.
En julio de 2025 ya se registró una caída del 0,2 % en el empleo privado formal (empresas con más de diez empleados) en las zonas urbanas relevadas.
Los sectores más afectados son:
- Construcción y servicios financieros (–0,5 %)
- Transporte, almacenamiento y comunicaciones (–0,3 %)
- Comercio, restaurantes y hoteles (–0,2 %)
- Servicios comunales, sociales y personales (–0,1 %)
- Firmas grandes como Mirgor, Acindar y Globant han recurrido a despidos, suspensiones, retiros voluntarios o pago de salarios en cuotas para reducir costos ante la baja demanda.
Las maniobras del Banco Central y la política económica del Gobierno consiguieron frenar en parte la especulación cambiaria, aligerando el estrés financiero y estabilizando las expectativas del mercado. Pero ese “respiro” no revirtió el deterioro productivo: las empresas siguen reduciendo plantilla ante la caída de ventas, el encarecimiento de tasas de interés y el aumento de costos.
A diferencia de casos como el rescate del sistema bancario estadounidense por parte del Tesoro de EE. UU., en Argentina no hubo “salvatajes” ni intervenciones estatales masivas para contener el colapso laboral.
Sin un plan económico que reactive el consumo, estimule la producción y proteja el empleo, el panorama laboral anticipa meses de ajuste y mayor polarización social.

