Economía Popular31/05/2020
Economía Popular

Les útiles e inútiles de nuestra sociedad

Gabriel Espeche reflexiona sobre ¿Quiénes son les útiles y les inútiles de nuestra sociedad?
Ollas Populares

El pasado 25 de mayo, se celebró en nuestro país, el comienzo de su proceso revolucionario de liberación, allá por 1810. Mientras que simultáneamente en la Villa 31 de la Ciudad de Buenos Aires sigue sin haber agua, y aumentan cada día las muertes, entre ellas, las de algunos referentes y referentas políticas y sociales. En nuestra Plaza de Mayo, un grupo de personas marcha para denunciar la cuarentena, y entre alaridos delirantes y teorías conspirativas de todos colores, se canta al unísono que “el virus no existe”. Los 100 mil muertos de EEUU, equivalentes a dos guerras de Vietnam, son simplemente un invento de la OMS. Ramona, El Oso y Agustín, compañeres de lucha histórica del barrio, también son un invento de la OMS. Miles de compañeros y compañeras en los barrios más vulnerables del AMBA combaten a diario con las nuevas complejidades que produce esta pandemia en nuestras clases populares,  a la vez que hay un sector policlasista de nuestra sociedad, en el que adhieren tanto pobres como ricos, al que se le hace creer que, a través de la apertura total y el fin de la cuarentena, se podrá hacer eso que ya hoy parece imposible, “volver a la normalidad”.

Es ante esta dualidad, con la que me toca lidiar como militante popular y ciudadano porteño,  Entre compañeres que caen ante el virus y ollas populares cada vez más concurridas y cada vez menos abastecidas, pero con las plazas e incluso el obelisco, llenos de personas denunciando a gritos a la clase política y al “nuevo orden mundial”. Es en esta dualidad en la que vive nuestra sociedad por estos días, esa misma que me produce la pregunta que da título a esta reflexión: ¿Quiénes son les útiles y les inútiles de nuestra sociedad?

 ¿Acaso de verdad son los útiles de nuestra sociedad los empresarios multimillonarios, esos que se niegan al impuesto a la riqueza porque deberían resignar la plata con la que salen a ver vidrieras los sábados? Los que, como te harán creer en la tele, han trabajado toda su vida y son quienes mueven nuestra economía. Son quienes dan empleo, quienes pagan los sueldos, y quienes están del otro lado del mostrador cuando gastas tu sueldo. Son los dueños de la pelota, y si les haces un gol, la agarran y se van para la casa para que no juegue más nadie. Son los que le venden al Estado la comida más cara, porque más importante que abastecer a un pueblo con hambre es que no baje el margen de ganancias. Son esos a los que no ves nunca, no tienen cara. Tipos con múltiples apellidos, y que no trabajaron ni un día de su vida. ¿Acaso son esos, de verdad, los modelos a seguir? Para la ideología neoliberal, que impero en nuestra región, primero con las dictaduras del Plan Cóndor, luego en los procesos democráticos de los 80s y 90s, y más actualmente en la segunda mitad del 2010, la respuesta es, Sí. El sujeto neoliberal, como lo caracteriza el surcoreano Byung-Chul Han, es un sujeto sujetado, valga el juego de palabras. Sujetado a su propia explotación. Nuestra alienación es tal, que hoy en día cumplimos el rol de ser nuestros propios jefes y jefas. La búsqueda constante por aumentar nuestra productividad nos ha llevado a vivir como esclavos y esclavas de nosotros mismos, cada día llegando a su final con cada vez más y más cansancio y desdicha. ¿Y para que, se preguntaran, nos hacemos esto? Pues lo hacemos para ser útiles, útiles como esos empresarios a los que crecimos viendo. Esos empresarios que arrancaron bien de abajo, como toda la gente hecha y derecha, y llegaron allá arriba a fuerza de voluntad y buenas intenciones. Queremos ser útiles porque correrse de la norma implica un castigo social. ¿Cómo que no querés trabajar? Ser un dron corporativo es la forma más popular de realizarse como ser humano. ¿O acaso no te enteraste? Si te esforzas lo suficiente, no importa de dónde venís, no importa el color de tu piel, o tu género, podes llegar a la cima igual. Es toda una cuestión de mérito. Quien quiere triunfar, triunfa. Esta en vos tener la fortaleza para lograrlo. El único trabajo valido para el neoliberalismo, es el trabajo que hace más ricos a los ricos, y más pobres a los pobres. Si no sos un oficinista o una oficinista con un trabajo formal, tecleando todo el día en una PC o sacando fotocopias para tu gerente; o un profesional con título universitario que estudió lo mismo que su padre, no servís. Sos descartable, sos prescindible, sos inútil. Y es en esta inutilidad del sujeto informal en la que yace la hipocresía del proyecto neoliberal, que caracteriza como sobrantes a las clases populares, pero a su vez se alimenta de ellas continuamente, efectuando un abuso constante de las y los más humildes para motorizar su fuerza de trabajo. Es en la informalidad de la economía popular en la que vivimos les inútiles, siempre soñando con algo más, porque seguro algo nos faltó toda la vida.

 Ahora que hemos caracterizado brevemente cual es la estructura social sobre la cual yacen los útiles de nuestra sociedad, hablemos de los y las inútiles. Me es mucho más fácil este punto simplemente porque yo pertenezco a ese grupo. Vengo de una familia de inútiles, personas que, para la concepción neoliberal, no tienen nada para ofrecer. Una madre ama de casa, a la que se le prohibió estudiar en la universidad porque debía atender a su familia. Una madre que sueña con lo mismo que sueñan todes en la economía popular: la casita propia, la quintita en el fondo, y que se le reconozca el trabajo de toda su vida. Un padre que, estaba de sobra en los 90s y por eso se quedó sin trabajo. Tuvo que transformar a su hobby de coleccionar discos en su laburo de tiempo completo y se convirtió en feriante. Hoy es delegado en su feria del Parque Centenario y, al igual que les negadores del virus, tampoco puede trabajar.

Hablamos de personas que viven del día a día, gente que no entra en la caracterización hegemónica del ciudadano tipo. Hablamos de los negros y las negras de mierda, que habitan nuestras villas y nuestros hoteles, y ahí se tienen que quedar. Excepto cuando vienen a nuestras casas a hacer los trabajos que nosotros y nosotras no queremos ni sabemos hacer. Hablamos de los pibes y pibas que no llegaron a terminar el secundario porque tuvieron que salir a trabajar, porque la plata en casa nunca alcanzó. Hablamos del 40% de nuestra economía, que es informal y es popular. Esa economía que mueve la vida de millones de personas, y convive a diario con las injusticias clasistas, racistas y patriarcales del aparato neoliberal. Hablamos de quienes cuentan los días hasta que llega el momento de cobrar, porque con ese IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) tienen que vivir sin poder trabajar. Hablamos de los y las que trabajan igual, porque simplemente no pueden parar, o si no, no comen. Hablamos, realmente, de quienes de verdad sostienen a la cuarentena, poniendo el cuerpo todos los días en los barrios, en la olla o en el merendero, llevando un plato de comida a quienes lo necesitan. Les trabajadores esenciales, a los y las que les costó competir cuando llego el hipermercado al barrio, pero siguen igual. Les trabajadores de la salud, que hasta hace poco ni siquiera tenían ministerio.  Les trabajadores de la mensajería, que llevan y traen durante todo el día, la comida o los bienes de quienes no pueden salir. Hablamos de quienes están de sobra para la utopía neoliberal. Hablamos de los indios y las indias, hablamos de los 13 niños wichi que ya murieron este año. Hablamos de Edgardo Peñaloza, el joven Qom que este mes fue baleado por la espalda por la seguridad privada de la estancia Don Panos por estar cazando dentro de la misma, cazando para poder comer. Hablamos de esa mano marrón que te pide una moneda, porque no puede trabajar. No nos quieren, pero nos necesitan. Para ellos y ellas, nosotres somos inútiles, no aportamos nada. No pagamos nuestros impuestos, robamos, y matamos. Vivimos de los planes del Estado, y marchamos por un choripán y 500 pesos. Para ellos y ellas, para les útiles de nuestra sociedad, nosotres estamos de más, y no les importa que sea nuestro trabajo el que sostiene sus ganancias. No les importa que sea nuestro esfuerzo el que mantiene sus márgenes en ascenso. Nos matan de hambre, nos matan a tiros, nos drogan y nos adoctrinan. Y, aun así, seguimos acá, y seguimos para adelante, porque si hay algo que sabemos hacer les inútiles, es aguantar. Aguantamos y aguantamos, y mientras tanto nos seguimos organizando. Fue el pueblo organizado el que aguantó e hizo frente al azote neoliberal de los últimos 4 años, y es ese mismo pueblo el que ahora se sigue organizando para aguantar esta pandemia, ese pueblo de inútiles.

 Ya son más de 1500 las y los infectados en La ´31 que además no tienen servicio de agua. Son muchísimos más en total en los barrios populares de nuestra Ciudad. Mientras que, en los countryes de Tigre, los ricos exigen con fervor el derecho a la libertad, en el Barrio Padre Múgica la gente no se puede lavar las manos. En los barrios, la cuarentena es la única medida real que la gente puede tomar para prevenir el contagio. Eso que para muchos y muchas es una privación de su libertad, para otros y otras es lo único que existe entre sus vidas y la muerte. Una muerte por abandono. Porque a Ramona, al Oso y a Agustín los mato primero el capitalismo que produce la desigualdad en la que vivimos les inútiles.